Era un atardecer cálido que no interrumpía a la rutina meteorológica, yo caminaba con mi capa negra que el infectado me había obsequiado, como prueba de que cumpliría su palabra al regresar. No esperaba nada de ese día, más que darle respiro y aire fresco a mi envoltura, a mi cuerpo. De repente en un momento, me encontré con algo que cambiaría rotundamente el significado de mi vida. Era un pozo oculto, cubierto por montañas de suelo marciano. No pregunten por qué, pero mi impulso fue excavar, sin pensar, sin saber por qué lo hacía. Tampoco pude imaginar lo que podría llegar a encontrar allí, qué inocente! estaba por cambiar el sentido de mi existencia (nuevamente) y no tenía la más mínima idea.
Era una especie de botella lo que ocultaba ese agujero negro, pero esférica y de un vidrio opaco. No parecía muy antigua, y lo sé porque la carta que estaba dentro de ella, tenía tinta fresca. El asombro, la intriga y el miedo, no me dejaron ignorar el contenido de ese papel, y no tuve más remedio que leerlo.
'Nunca creí que podría resumir mis recuerdos y pensamientos en simples palabras, para luego contárselas al mundo. Lo cierto es que cuando la inspiración está al alcance de uno, no hay que dejarla ir. Posiblemente eso sería el más cruel de los crímenes, nos marcaría para toda la vida, resultando en una cicatriz que nos recordaría lo humanamente desastrosos que alguna vez fuimos. Para iniciar con lo que tengo para contarles, o mejor dicho, confesarles, tendría que hablar acerca de mi historia de vida, memorias de mi infancia y familia, pero la triste verdad es que la normalidad y lo poco excéntrica que ha sido, los aburriría y hasta los asustaría. Siempre creí que era una persona especial, pero vamos, todos sabemos que cada uno de nosotros queremos convencernos de que lo somos. Pero yo ciertamente era, soy y seré diferente, siempre.
A simple vista no lo notarían, y agradezco al creador por haberme bendecido con eso. Puedo actuar, puedo mentir, y de hecho lo hago bastante bien. Demasiado quizás. Al principio comenzó como una técnica para 'zafarme', para huir de diferentes situaciones a las que mi simple verdad no podría haber enfrentado sola. Luego comenzó a ser un hábito. La facilidad y diversión que tenía al decir verdades inventadas o trucadas, era -de una manera enferma- fascinante. Admito, mis amigos, que tengo una adicción y que ya no puedo controlarla. Bueno la verdad es que todavía no sé si no puedo, o realmente no quiero. Supongo que todavía no soy lo suficientemente consciente como para comprender los efectos secundarios que mis acciones causan. La cuestión, la maravilla de este asunto es que tengo la habilidad de inventar una identidad que no me pertenece. Puedo hablar con un desconocido, conversar horas y aparentar una vida paralela a la mía, mientras el pobre ingenuo se traga las historias. Pobre! A veces hasta me da pena la víctima. Me pregunto qué carajos pasará por su cabeza mientras le hablo. Me gusta imaginar que se siente atraído, apasionado, y hasta poseído, por mis historias, anhelando escuchar más y más estupideces que tengo para contarle.
Como dije, no quiero aburrirlos, amigos, pero quería que quedara bien en claro qué tipo de persona soy. Soy una criatura extraña y diferente al resto y tengo el don de aparentar lo contrario, o como a mi me gusta llamarle, tengo el don de camuflarme. Por si se lo estaban preguntando, mis amados lectores, la respuesta es sí. Tengo sentimientos, claro, pero me atrevo a decir que ciertas veces confundo los fingidos con los reales. A veces me siento consumida por la falsedad. No sé. Podrían llamarme mitómano, enfermo, psicópata (y vaya que lo han hecho!) o como les guste. En serio, no me importa. Hasta voy a confesarles secretamente, que me enorgullece tener esta habilidad, que siempre consideraré un don.'
Era una especie de prólogo, el demente nos estaba introduciendo, a su cruel mundo de hipocresía. Aunque en cierto modo, algo me gustaba de este sujeto. No pretendía agradarle a nadie. Sólo quería que alguien lo escuche, y el hecho de que sea de forma anónima (por ambas partes) me atraía mucho más.
La carta, o las confesiones, continuaban. Estaba tan admirado, tan fascinado con sus palabras, que tan sólo saber que en mis manos tenía hasta la última página de su historia, me daba escalofríos y tristeza a la vez. Tenía en mi poder la posibilidad de leer todo en un par de horas, de descifrar a esta criatura, de sacarme las infinitas dudas que merodeaban en mi mente. Pero debía ser paciente. Me prometí leer sólo un capítulo por día. Con este tipo de cosas siempre hay que ser precavido, nunca se sabe hasta donde pueden afectarles a uno, y mucho menos cómo.